BIOMECÁNICA
El
LCA es la primera restricción para el desplazamiento anterior de la
tibia. Junto con el ligamento cruzado posterior (LCP), el LCA determina
la combinación de deslizamiento y rodamiento entre la tibia y el fémur
que caracteriza la cinemática de la rodilla normal. Por lo tanto, la
deficiencia del LCA no solo produce episodios de inestabilidad sino
también una alteración de la mecánica articular, que puede contribuir a
los cambios degenerativos que se ven a menudo en pacientes con
insuficiencia de larga data del LCA. Las metas del tratamiento deben
ser: prevenir la inestabilidad sintomática, restaurar la cinemática
normal de la rodilla y prevenir la enfermedad articular degenerativa
temprana.
El
LCA consiste en una serie de fibras que están tensas en diferentes
posiciones de la rodilla. Se ha encontrado que las fibras más
isométricas son las que pertenecen a la banda AM; la mayor parte del
ligamento está tensa cuando la rodilla está extendida y relativamente
laxa cuando está en flexión.
Cuando
hay una lesión del LCA la tibia se puede subluxar anteriormente, con
los signos clínicos correspondientes, pero también puede haber cambios
sutiles de la función articular, a saber: desplazamientos en la
localización del centro de rotación instantáneo, o sea, para cada ángulo
de movimiento, haciendo que los vectores de velocidad, que normalmente
son paralelos a la superficie articular, dejen de serlo; se producen así
fuerzas compresivas a través de la articulación que pueden explicar la
enfermedad articular degenerativa acelerada que frecuentemente acompaña
las lesiones de este ligamento.
INCIDENCIA DE RUPTURAS
La
incidencia de rupturas del LCA varía ampliamente, dependiendo del tipo
de población; por ejemplo, se ha calculado que es de 1/3.000 en la
población general de los Estados Unidos. Cada año ocurren en ese país
por lo menos 100.000 casos de lesiones del LCA en deportistas jóvenes
(típicamente entre los 15–25 años de edad pero con mayor riesgo entre
los 10 y 19), las cuales originan problemas importantes tanto físicos
como psicológicos y económicos. Anualmente se gasta cerca de un millardo
de dólares en reconstrucciones del LCA (cálculo hecho sobre la base de
50.000 reconstrucciones a 17.000 dólares cada una). El fútbol, el
béisbol, el baloncesto y esquiar originan el 78% de las lesiones del LCA
en deportistas.
Noyes,
mediante evaluación artroscópica de pacientes con hemartrosis
traumática aguda de la rodilla, demostró una incidencia del 60–70% de
lesiones del LCA. Además, la mitad de dichas lesiones se asocian a
lesiones meniscales. En un metaanálisis reciente se halló que las
mujeres tienen una incidencia tres veces mayor que los hombres de
desgarros del LCA en fútbol y baloncesto; los esquiadores alpinos
expertos tienen la tasa más baja de lesión.
FACTORES DE RIESGO
Se
ha avanzado mucho en el conocimiento de los factores de riesgo para las
lesiones del LCA pero ninguno de ellos se ha asociado con certeza a las
mismas, ni se ha podido definir claramente el mecanismo de producción.
Sin embargo, está claro que la mayoría de estas lesiones ocurren en
situaciones de no contacto.
Para
el desarrollo de los programas de prevención se ha investigado más a
fondo el riesgo que representan los factores biomecánicos. De hecho, los
programas publicados de prevención de lesiones del LCA se han basado en
alterar los factores neuromusculares de riesgo mediante la mejoría del
control neuromuscular, de la propiocepción por la instrucción repetitiva
de equilibrio y de agilidad, y de la incorporación de ejercicios
pliométricos tanto antes de la temporada como durante la misma.
Un
factor que parece estar asociado con un mayor riesgo de lesión del LCA,
especialmente en situaciones de no contacto, es la variación en la
anatomía del surco intercondíleo del fémur distal. Varios autores
reportaron independientemente que el surco intercondíleo, medido tanto
en radiografías simples como en tomografías, es más estrecho en
pacientes con rupturas agudas del LCA y la diferencia fue
estadísticamente significativa. Se usó el método de medir
la proporción entre la amplitud del surco y la del fémur distal
completo; si resulta menor de 0,2 se concluye que el surco es estrecho y
que hay riesgo de lesión del LCA.
Otros
factores potenciales de riesgo para las lesiones del LCA se pueden
clasificar en intrínsecos y extrínsecos: entre los primeros están la
mala alineación de la extremidad, laxitud anteroposterior de la rodilla y
pronación de la articulación subastragalina. Los segundos incluyen: la
interacción del zapato con el terreno, la superficie de juego y las
estrategias alteradas del control neuromuscular.
Recientemente se hizo una reclasificación de los factores potenciales de riesgo en las siguientes categorías:
Ambientales: tipo de superficie de juego, equipo de protección, condiciones meteorológicas y calzado.
Anatómicos: alineación de la extremidad inferior, laxitud articular, fuerza muscular, surco intercondíleo y tamaño del LCA.
Hormonales:
efecto de los estrógenos sobre las propiedades mecánicas del LCA y
mayor riesgo de lesión durante la fase preovulatoria del ciclo
menstrual.
Biomecánicos: alteración del control neuromuscular que influye en los patrones de movimiento y en las cargas articulares incrementadas.
Otros estudios indican que la fatiga es un factor adicional de riesgo para lesiones sin contacto del LCA.
jueves, 7 de marzo de 2013
El ligamento cruzado
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)






0 comentarios:
Publicar un comentario