DIAGNÓSTICO
Una
buena historia es fundamental en la evaluación de un trauma importante
de la rodilla y constituye, posiblemente, el indicador más certero de
ruptura del LCA. Un deportista que cae sobre el pie y siente un ruido
seco y dolor agudo en la rodilla, lo más probable es que haya hecho una
ruptura del LCA, sea incapaz de continuar activo y desarrolle edema
articular en las siguientes 12 a 24 horas. Muchos pacientes describen lo
que sintieron como que la rodilla 'se salió de su lugar'.
Con
frecuencia la historia en el servicio de urgencias es la de un trauma
por rotación de la rodilla, luego un sonido seco, la incapacidad
funcional y el edema. Aunque las rupturas del LCA se pueden producir en
un contacto directo en la práctica deportiva, los mecanismos más comunes
son la rotación sin que haya habido contacto y la desaceleración o
hiperextensión súbitas.
Es
importante en el momento de la consulta preguntar por episodios previos
similares de menor o igual sintomatología que pudieron ser
diagnosticados como 'esguinces' de los cuales el paciente 'ya se había
recuperado'. Otros pacientes pueden haber sido intervenidos
quirúrgicamente por lesiones de los meniscos, y en dicho procedimiento
pasó inadvertida la lesión del LCA, o el cirujano no consideró necesario
reconstruirlo en ese momento.
En
el caso de la insuficiencia crónica del LCA la historia cambia: los
pacientes informan episodios repetidos de que la rodilla 'se les va' (giving way),
o 'se les dobla', o 'se les sale'. Los episodios de inestabilidad se
relacionan con los saltos, los cambios de dirección y la desaceleración.
EXAMEN FÍSICO
Para
hacer un examen cabal el paciente debe estar en una posición cómoda. Se
debe empezar evaluando la rodilla no traumatizada y supuestamente sana,
lo cual ayuda a una buena relajación del paciente. El examen de la
rodilla lesionada se debe iniciar con la observación del arco de
movimiento activo realizado por el paciente sin intervención del
examinador. Si se encuentran un derrame doloroso y la rodilla tensa se
puede puncionar para aspirar la hemartrosis, bajo estrictas medidas de
asepsia e introduciendo lidocaína en la articulación para atenuar el
dolor; la sangre extraída se inspecciona para detectar gotas de grasa
que pueden ser el indicio de una fractura osteocondral.
El
hallazgo de hiperextensión de la rodilla traumatizada puede sugerir una
ruptura del LCA con posible lesión del complejo ligamentoso
posterolateral; si se encuentra bloqueo de la extensión completa se
puede pensar en una lesión meniscal asociada. Se debe palpar en busca de
sensibilidad en la patela y en el retináculo medial, porque puede ser
un signo de luxación rotuliana. Los ligamentos colaterales interno y
externo se palpan en todo su trayecto para averiguar si están
lesionados. Un indicador de posible lesión del LCA es la detección de
dolor en ambos lados de la rodilla, aunque también puede ser de origen
capsular o meniscal. Las lesiones a ambos lados de la rodilla aumentan
la probabilidad de que haya una lesión del LCA.
El
examen se continúa evaluando la laxitud en varo y en valgo tanto en
extensión como en 30° y 60° de flexión; Cuando se detecta una gran
laxitud en valgo (ligamento colateral interno) con la rodilla en
extensión completa, se debe sospechar la presencia de una lesión
concomitante del LCA. En lo posible hay que hacer, además, las pruebas
de evaluación de los meniscos (signo de McMurray, Apley). Hay dos
pruebas clínicas de lesión del LCA que evalúan la traslación anterior de
la tibia: el cajón anterior con la rodilla en 90° de flexión y el test
de Lachman. Otra parte importante del examen clínico en los casos
crónicos de lesión del LCA son las pruebas que demuestran laxitud
rotatoria anterolateral como el Pivot Shift, el test de Losse, la
prueba del cajón en flexión y rotación y el test de Slocum.
Metaanálisis recientes concluyen que en caso de sospechar lesión del LCA
el test de Lachman tiene el mejor valor predictivo negativo y el Pivot Shift, el mejor valor predictivo positivo.
EVALUACIÓN ARTROMÉTRICA
Aunque
el test de Lachman es la mejor prueba clínica para evaluar la
integridad del LCA, la diferencia entre uno y otro lado en algunos
individuos puede ser muy sutil y hacer equivocar al mejor clínico.
Actualmente se usa el KT–1000 para medir la traslación tibial anterior
durante el seguimiento posoperatorio o después del tratamiento
conservador.
ESTUDIOS IMAGINOLÓGICOS
Radiografía simple
Se
debe evaluar mediante radiografía simple cada rodilla en la que se
sospeche una lesión del LCA. El examen radiológico de rutina de la
rodilla debe incluir las siguientes proyecciones: anteroposterior (AP)
con soporte de peso, lateral y de la articulación patelofemoral,
descrita por Merchant en 45° de flexión. La cuarta proyección, que puede
ser muy útil en casos crónicos, es la del surco o túnel. Las fracturas
osteocondrales o avulsiones cerca de la inserción ligamentosa se pueden
ver en las radiografías simples. La fractura de Segond o signo capsular
lateral, que se ve en el borde lateral de la tibia en proyección AP, es
patognomónica de una lesión del LCA. Las fracturas por avulsión de la
cabeza del peroné o del epicóndilo medial pueden indicar una lesión de
los ligamentos colaterales.
En
los casos de inestabilidad anterior crónica de la rodilla, los
hallazgos radiológicos incluyen: osteofitos e hipertrofia de la
eminencia intercondílea, formación de osteofitos de la faceta rotuliana
inferior, disminución del espacio articular con osteofitos,
estrechamiento del surco intercondíleo y formación de osteofitos
posteriores en el platillo tibial.
En
pacientes con inmadurez esquelética hay que hacer una evaluación
radiológica cuidadosa debido a la frecuencia de avulsiones en este grupo
etario. Se debe investigar además la presencia de fracturas fisiarias,
especialmente de la tibia, que pueden ocurrir en deportistas jóvenes por
un mecanismo similar al de la ruptura del LCA.
Resonancia magnética (RM)
Si
se ha obtenido una historia sugestiva de insuficiencia del LCA y si el
examen físico es compatible con este hallazgo, no se requiere ningún
estudio imaginológico fuera de la radiografía simple. Raramente se
necesita recurrir a la RM para el diagnóstico de una lesión del LCA,
pero en algunos casos, como los de ruptura meniscal o contusión ósea,
este examen puede dar información adicional. En diferentes estudios se
encontraron los siguientes datos en pacientes con lesiones agudas del
LCA: especificidad 98–100% y sensibilidad 94%. En las rupturas crónicas
la sensibilidad baja al 80% pero la especificidad se mantiene: 93%; se
concluyó que la cicatrización del muñón del LCA uniéndose al ligamento
cruzado posterior puede dificultar la distinción entre las rupturas
crónicas y el ligamento intacto. La sospecha de una ruptura del LCA
observada en la RM solo se confirma con la artroscopia en el 70–90% de
los casos.
martes, 12 de marzo de 2013
El ligamento cruzado II
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